¿Cómo la tecnología digital cambia nuestra forma de leer?

“En toda la historia de la humanidad, nunca hemos tenido tanta información disponible para leer antes. Para hacer frente a este tsunami de conocimiento, nuestro cerebro parece estar cambiando, evolucionando para crear una nueva forma de lectura que está adaptado al entorno digital”, cuenta Maximiliano González Kunz.

Mientras la lectura profunda en una pantalla puede requerir más esfuerzo cognitivo, numerosos estudios han mostrado que el lector típico es mucho menos atento al leer la información en línea. Sólo el 28% de las palabras en una página web se descifran, mientras que la velocidad de lectura (cerca de 500 palabras por minuto), paradójicamente, es más rápido que la media, cuando debería ser más lento, lo que nos lleva a la conclusión de que el lector típico no es, en realidad, la lectura de la página web, pero hojeando rápidamente. Estos resultados se han confirmado en el laboratorio francés para usos de la tecnología de la información digital (LUTIN), con estudios que rastrean los movimientos de los ojos de los lectores utilizando unas gafas especiales. Después de ver sus temas leer las páginas web, los investigadores se dieron cuenta de que el clásico patrón de lectura de izquierda a derecha fue interrumpida por la colocación de elementos gráficos como anuncios y videos. Añadir a que un complejo contexto de navegación con múltiples pestañas abiertas, las alertas de correo entrantes, tweets y comentarios de Facebook. “En resumen, la lectura de un artículo en línea es aparentemente tan fácil como leer una novela en un estadio de fútbol durante un partido: el ruido circundante hace difícil centrar nuestra atención. Y, sin embargo, atención es exactamente lo que impulsa la cognición: nos permite seleccionar la información que necesitamos para actuar, pensar, entender y aprender”, explica Maximiliano González Kunz.

 

 

“Nuestra falta de atención no es el único factor a tener en cuenta. La profusión de información y su facilidad de acceso también influyen en la situación”, aporta Maximiliano González Kunz.  Antes de la llegada masiva de la web, la información fue encontrada en una biblioteca o un periódico. Se tomó el tiempo para encontrarlo y asimilarlo. Ahora, una búsqueda de información es una rápida, casi inmediata de actuar, anulando cualquier previsión que pudieran haber sido despertado. “Parece que nuestro consumo en línea no nos anima a ahondar en los temas que estamos leyendo, en lugar de llevarnos a ojear por encima de ellos, impide que nuestro cerebro de crear vínculos entre ideas que podrían abrirnos a nuevos ámbitos de reflexión”, comunica Maximiliano González Kunz. Este es el núcleo de la tesis de Nicholas Carr en su artículo seminal es Google Haciéndonos Stoopid? Libro de seguimiento y los bajíos: lo que Internet está haciendo a nuestro cerebro, donde se teme que el uso intensivo de los motores de búsqueda y lectura en la web podría estar modificando su cerebro y que le impida concentrarse.